Azafata obligada a dormir en su coche con dos perros

Dos perros en el coche. Crédito: Robert Hackett/Shutterstock.com.

Una azafata afirma que duerme en su automóvil con dos perros porque no puede encontrar alojamiento para ellos y sus otros nueve animales.

Griselle Crovetto transcurrió su vida entre Madrid y Málaga cuando trabajaba y descansaba respectivamente.

En la capital se quedó en casa de una amiga, mientras que en la costa alquiló una casa que comparte con sus siete gatos y cuatro perros.

Pero hoy, con el ERTE recién finalizado -el régimen de regulación temporal de empleo de España- vive en su coche aparcado en una gasolinera de Manilva, informa Niusdiario.

Asegura que tras un largo viaje no pudo entrar en el inmueble de Málaga, y dice que lo denunció a la Guardia Civil.

“Todavía estaba pagando al agente de bienes raíces y tenía un contrato”, dice Grisselle.

Pero si bien la falta de vivienda real es una perspectiva aterradora, para Grisselle, su principal preocupación son sus animales, los 11.

Desde entonces, ha logrado encontrar un hogar para todos sus gatos, y uno de sus perros, Dobby, está en un hogar de ancianos. Barbie y Lightning duermen con ella en el auto.

“A menos que encuentre un lugar donde puedan estar, no puedo dejarlos solos”, explica.

Es desgarrador, dice, que su otra perra, Samantha, se escapó cuando se quedaron sin hogar. Grisselle dice que los vecinos la vieron deambulando por su antigua casa, pero hasta ahora no ha podido encontrarla.

Grisel aparca su coche en una gasolinera y se pasa el día deambulando buscando sombra para sus animales.

“Trato de mantener a los perros fuera del sol”, explica.

Para rejuvenecer, dice que usa las instalaciones de la gasolinera o, si tiene suerte, se da una ducha adecuada en la casa de una mujer local que se apiada de ella.

“Dormir en el auto ya es bastante difícil, pero al menos no estoy solo”.

Dobby duerme en el asiento del pasajero, Barbie duerme en la parte trasera del auto y Grisel duerme en el asiento del conductor. “No tengo miedo porque estoy con ellos”, dice.

La gasolinera es efectivamente su “hogar”, también es donde desayuna, mientras que la lavandería cercana es donde lava su ropa.

“En mis treinta años en España, nunca me había visto así”, admite Griselle.

Necesita desesperadamente encontrar un hogar, pero dice que con todos sus animales y un presupuesto bajo, eso ha resultado imposible.

Dice que su casa anterior costaba 500 euros al mes. , pero desde la finalización del ERTE y tras varios meses sin viajes aéreos, su presupuesto es cada vez más reducido.

“Los asistentes de vuelo no ganan si no volamos, el salario se basa en el salario diario de los vuelos”, dice Griselle.

La azafata espera volver a volar en diciembre y espera que se le permita conseguir un hogar para ella y sus animales.


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