Reseña de ‘Falling on Christmas’: Lindsay Lohan regresa en una comedia romántica navideña

Los fanáticos que hagan clic para reproducir Falling for Christmas de Netflix serán los que más caigan en el tan esperado vehículo de regreso de Lindsay Lohan. La alegre película de la directora Janine Damien, que se centra en una heredera de un hotel mimada que se ve envuelta en circunstancias que enriquecen su carácter, no se presenta necesariamente como la taza promedio de alegría navideña y encanto de comedia romántica. Hay mucho más que eso. Su espíritu subversivo, ingenio femenino y dulce emoción remezclan la fórmula y la festividad, haciendo que todo sea divertido y brillante.

La rica heredera mimada Sierra Belmont (Lohan) planea pasar una Navidad cubierta de nieve en la exclusiva estación de esquí de su padre (Jack Wagner) con su novio narcisista y obsesionado con las redes sociales, Tad Fairchild (George Young). Ella espera que su padre le ofrezca un trabajo como “Vicepresidente de Ambiente” en la propiedad para darle algo que hacer en lugar de pasar sus días ahogándose en champán, caviar y alta costura. Pero no está segura del puesto, porque en el fondo sabe que no es su objetivo. Ella considera volverse tan influyente como Tad, quien la presiona para que sea uno más de sus accesorios, lo que la lleva a aceptar una propuesta de matrimonio en la cima de la montaña.

Sin embargo, el destino interviene en forma de una caída catastrófica, dejando a Tad en un lado de la montaña y a Sierra con una conmoción cerebral en el otro. Afortunadamente para ella, su padre soltero, Jake Russell (Chord Overstreet) llega y la rescata. Sierra sufre amnesia severa sin una tarjeta de identificación y está en problemas. Siendo el buen chico, Jake se ofrece como voluntario para albergar a esta alma perdida en la humilde posada de su familia, junto con su suegra Alejandra (Alejandra Flores) y su primera hija Avi (Olivia Pérez), hasta que alguien viene a reclamar a Sierra. Su negocio sufre la competencia y la urgente necesidad de reformas. Su vida personal también debe arreglarse, porque todavía está triste por la pérdida de su esposa. Con su padre y el magnate de los moteles Tad buscándola, Sierra está decidida a ser una bendición en lugar de una plaga, y termina cambiando el lugar en más de un sentido.

Damien y los guionistas Jeff Bonet y Ron Oliver (de la historia de Bonet) descubren cómo dar un giro incuestionable a “Overboard”, un género básico cuya premisa equivale a iluminar crudamente a una persona con una lesión cerebral traumática. Incluso la nueva versión de 2018 tuvo problemas para decodificarlo. Aquí, dado que las personas no se conocen a través de su lindo y desastroso encuentro, nunca hay estafas en marcha. Sin embargo, aunque ofrece algo de alivio cómico y Young agrega una maravillosa profundidad a su personaje superficial, el material tiene dificultades para integrarlo correctamente y el público no está seguro de si lo amará, lo odiará o amará su antipatía.

Aunque su primer acto telegrafia demasiado a través de diálogos explicativos, el resto del texto se teje con algún sutil detalle que mágicamente se ilumina a lo largo. El viaje de Sierra del egoísmo al altruismo toma giros conmovedores. Desde el principio, ha mostrado un mínimo de humanidad y autoconciencia, aunque no del todo, por lo que sentimos que su próximo arco será lindo, pero significativo. Las apuestas internas y externas de su personaje están bien definidas y son motivadoras por dentro, y no necesita mucho estímulo del protagonista masculino para cambiar. Jake se enfrenta a un cambio de secuela en términos de encargarle que deje de lado el dolor y el orgullo. Su trauma compartido y el vínculo con las madres de sus familias fallecidas es sincero y conmovedor, con un árbol de ángel que simboliza el dolor: una vez empujado por una escalera oscura, pero inevitablemente sale a la luz.

Lohan le da a su personaje, que hubiera estado en manos de una nota menos, sentido del humor, vulnerabilidad y vivacidad. Es divertidísima cuando se le asigna la tarea de interpretar lo totalmente insoportable, mostrando su poder cómico cuando se cae en un Barcalounger o baja un tramo de escaleras. Sin embargo, también se afecta meticulosamente cuando aparecen momentos tristes. Ella tiene una química maravillosa con Pérez en escenas que abren la ternura resonante y los sentimientos sinceros del material. Resulta ser sutil y simple, Overstreet se apoya con gracia en las bromas y en los aspectos conmovedores.

Los ingeniosos saludos comerciales de Lohan, refiriéndose a “Mean Girls” (donde canta “Jingle Bell Rock”) y “Just My Luck” (donde su intento de lavar la ropa resulta en el chirrido de una lavadora) se usan con moderación, por lo que re fresco, rápido y el trabajo vibrante que traen. Es un movimiento prometedor para “Lohanaissance”: este es el primero de los dos proyectos de Lohan que Netflix tiene luz verde, y se siente como el regalo de temporada perfecto, al verla ejercer la habilidad y el ingenio por los que es tan conocida como hábilmente. crea su propio viaje hacia una segunda oportunidad en la vida.



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